An extract from Nómadas: Cordillera
Cordillera
Reflexiones desde un paisaje plano.
"Tú siempre incondicional,
genoma montañoso de mis células andinas.
Te ignoro la mayoría del tiempo,
no puedo vivir sin ti.
Los que ya se fueron te buscarán por siempre,
mas yo te persigo y te reinvento sobre
monotonías llanas en estratos foráneos.
Silenciosa, no me pides nada a cambio,
sólo estás ahí,
nevada en invierno y agreste en verano.
Tu figura indómita,
tu escoliosis kilometrada,
tus vértebras sedimentarias
y mis latidos graníticos.
No hay tapujos ni secretos entre nosotras
porque somos una, paridas de la misma corteza.
Aunque estás lejos, siempre cerca,
me pierdo en tus recodos fértiles
inhalando, desde lejos,
la hierba fresca de tus papilas silvestres.
Y me pierdo...me pierdo...
y más arriba el silencio,
en el litio de tus salares,
en las tersas hebras de tus alpacas,
en el desfile selecto de tus flamencos minerales
y en la geografía pura que grava mi ser.
Sigo escalando,
me filtro por tus quebradas angostas,
secas, copiosas,
que calman mi sed de ti.
Desciendo a través de macroformas ilegibles,
demasiado lógicas para mi poca lógica,
esquiando desde tus más altas cumbres. O
deslizándome hacia el vacío incierto,
que me arrastra por tus pies torrentosos
entre meñiques de litre y talones de arrayán.
Cómo sería introducirme en lo hondo de tus cráteres volcánicos,
entre las cenizas de tu combustión,
en el humo confuso de mi confusión,
en tu lava ardiente, despiadada,
y en lo más profundo,
el magma de tu ser;
mi fuego, tu fuego.
Yo me agitaría,
la ciudad temblaría,
y los cielos se sacudirían.
Bastaría un movimiento de la corteza
para desatar mi adrenalina furiosa, fogosa,
porque cuando tú te mueves,
reina el caos.
De pronto, la liberación súbita,
el brote de tu contenido mineral,
el éxtasis de nuestra pasión,
cálida en el norte, templada en el centro, gélida en el sur.
¡Oh, Cordillera de los Andes, Cordillera de Chile!
Quiero petrificar mi alma sumergiéndome contigo bajo el mar eterno".
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